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En una de mis habituales  visitas a la web de mediateletipos (http://www.mediateletipos.net/) me encontre con el fantástico texto “Algunas ideas sobre la inmersión sonora” de  Xoán-Xil López (http://www.unruidosecreto.net), escrito para  Sensxperiment (http://www.mediateletipos.net/sensxperiment)

Me puse en contacto con el autor pues consideraba que sería interesante hacer llegar el texto a los lectores de La Escucha Atenta. Quiero dar las gracias a Xoán -Xil,  por darme permiso para publicarlo y además enviarme el texto totalmente maquetado.

A continuación os lo dejo

“Mi iniciación más profunda a los poderes del grave ocurrió con el sonido del sound system de Aba Shanti-I una tarde de 1990 en el carnaval de Notting Hill al este de Londres […] De pie, rodeado por los altavoces del sound system, en cierto momento el bajo llegó a alcanzar tal intensidad que mi visión se nubló por la amplitud de sus vibraciones, el líquido de mis globos oculares se movía con el sonido. Estaba envuelto en una neblina cuando la sensación de ser un cuerpo separado del entorno y de los otros cuerpos empezó a disolverse” Marcus Boom1

El sonido es por naturaleza inmersivo. Nos rodea, se expande y entromete estableciendo una relación de proximidad íntima que rebasa el ámbito de nuestros oídos para pasar, en ciertas condiciones, de ser una sensación coclear a convertirse en una experiencia táctil capaz de ejercer sobre nosotros una influencia no sólo afectiva sino, de forma más explícita, también física, haciendo posibles estados como el relatado por Marcus Boom en el número 341 de la revista The Wire. En momentos como este se hace evidente que “la escucha no es un sentido claramente diferenciado […] Sentimos los sonidos graves vibrar en nuestro estómago y entramos en pánico, los sonidos afilados repentinos nos obligan a retroceder involuntariamente, un grito agudo es emocionalmente desgarrador2”.

Esto sucede cuando las vibraciones son capaces de hacernos sentir que perdemos el control, que aquello a lo que nos enfrentamos nos supera hasta el punto de que la razón no puede actuar con suficiente rapidez y sufrimos una modulación de nuestra conciencia dando lugar a experiencias como las recogidas por la escritora Violet Paget en su libro Music and its Lovers (1932). Uno de los participantes en este estudio describía su entrada en la catedral de Santa Maria del Fiore como “una sensación instantánea y muy potente de lo que se considera inmersión: un cambio total como si entrase en un elemento diferente, como el agua, o como si pasara de un silencio completo a un sonido muy intenso3”.

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